Ricardo Dueñas, CEO de Grupo Ekos, charló con Isabel Noboa, CEO de Consorcio Nobis; y, Carlos Larreátegui, Canciller de la UDLA sobre la relevancia de la educación y su incidencia en la reactivación y productividad. El alto ejecutivo precisó que “está comprobado que cuando las personas no tienen acceso a la educación, tiene menores probabilidades de ser parte de la gente con empleabilidad del país”. Además, señaló que “la educación va a cambiar, por temas como la aceleración tecnológica. Y resaltó que es importante tener en cuenta componentes como la sostenibilidad y el criterio de diversidad en la reestructuración de la educación, con el fin crear una sociedad diferente y comprometida”. La educación reducirá las desigualdades Isabel NoboaCEO Consorcio Nobis “El mundo post Covid presenta un desafío para docentes, autoridades, padres de familia y universidades y ese desafío es mayor en Latinoamérica, que vive en situación de desigualdad social”. Con estas palabras, Isabel Noboa explicó que la educación es uno de los determinantes de un país para ser más productivo. “La educación es el primer factor para lograr una movilidad social ascendente”. Enfatizó que una persona que accede a educación puede mejorar su calidad de vida y salir de la pobreza de manera sostenible porque la “baja escolaridad se traduce en bajos ingresos”. Las cifras que maneja la alta ejecutiva son alarmantes: 6 de cada 10 niños no puede continuar sus estudios a través de plataformas digitales, esto es más grave en zonas rurales. “Solo el 16% de estos lugares tiene servicios y solo el 24% de esos hogares tiene una computadora en casa”, explica. Impacta saber que existen 4,6 millones de estudiantes de escuelas, colegios, universidades, “donde el 70% (3,2 millones) no cuentan con acceso a internet”. Por ello, una de sus grandes preocupaciones desde Nobis es crear una red de apoyo al sistema educativo, donde los empresarios juegan un rol trascendental. “Hay que cubrir costos de accesos, aumentar becas socioeconómicas, se requiere reactivación productiva”, manifiesta. Acorde al nuevo escenario, todo indica que Ecuador por mucho tiempo ha tenido prioridades equivocadas. Por ello, Noboa insiste en que este debe ser un trabajo de todos. “Nosotros comenzamos la iniciativa Unidos por la Educación hace un año y medio, comenzamos como empresarios a visitar regiones importantes del país para levantar fondos y acciones para ayudar al Estado que no tiene fondos en el tema de la educación”. La ejecutiva recuerda que “65 mil estudiantes se quedaron sin una institución porque en el Gobierno anterior se cancelaron cerca de 5.000 unidades rurales”. Por ello, con el plan que ha emprendido “hemos hecho un acuerdo con el Ministerio de Educación para trabajar con los fondos que se puedan conseguir”. Insiste en que hay que capacitar a los profesores, tratando de mejorar la calidad de la educación con plataformas especiales. En ese camino, desde Consorcio Nobis se ha hablado con otros actores como la Embajada de EE.UU. para crear un proyecto para impartir inglés a los niños de escuelas fiscales. “Con Crisfe, trabajamos temas de emprendimiento”. Isabel Noboa y su organización asume este reto porque apuesta a un país que mejore sus condiciones y se fomente la igualdad de oportunidades para las personas. Es así, que se ha creado un fideicomiso para llegar a los lugares más recónditos del país . “Tenemos que pensar en las 900 escuelas que hacen falta, en la digitalización y nos estamos asesorando; si los empresarios nos involucramos, lo lograremos”. Concluye afirmado que la riqueza del país es la educación, motor para la igualdad de oportunidades y el respeto. La ED-TECH, en el centro del modelo Carlos LarreáteguiCanciller UDLA “Este es un momento para repensar el sector educativo. La pandemia ha mostrado las fisuras y costuras de un sistema educativo deficiente y es evidente que la deserción se ha profundizado en este momento”. La lectura de Larreátegui es acertada. Los niños que no han completado el ciclo escolar tienen daños emocionales y psicológicos enormes. Para el Canciller de la UDLA, la inequidad se ha acentuado “y esto nos lleva a mirar qué ha hecho el Estado como el rector de impulsar la política pública y qué han hecho las empresas y las élites que jamás se preocuparon de la educación”. De ahí que la tecnología es una alternativa de desarrollo, pero reflexiona sobre el tiempo desperdiciado. “Hay escuelas desocupadas, destruyéndose, capaz era mejor idea invertir en infraestructura, electricidad, Internet y comunicaciones, para que se pueda llegar a todos los niños y jóvenes del país”. Larreátegui considera que se puede pensar en un modelo híbrido de educación donde se combine la educación online y momentos presenciales para formar destrezas sociales y de ciudadanía. “Es un modelo donde la tecnología nos permitirá llenar el gran vació en las zonas excluidas con los contenidos académicos y ciertas reuniones presenciales para ampliar la cobertura que tanta falta hace al Ecuador”, explica. Para el Canciller de la UDLA, las prioridades del país deben ser educación, salud y seguridad. “Meterse en las otras aventuras que fracasan desde el Estado han sido un absurdo y un despilfarro. Es hora de encaminar los recursos a educación y salud y levantar una infraestructura tecnológica a través de un gran fideicomiso, no solo porque permitiría vigilar recursos sino para que el Estado se involucre de más cerca con el sector privado y viceversa”. La severidad de sus palabras radican en que la sociedad, si no toma acciones en conjunto, podrían enfrentar una brecha que no se cubriría ni en 20 años, “Estamos condenando a varias generaciones”, enfatizó. “Cuando hay una ley de educación, nadie dice nada. Estamos posiblemente ante uno de los retos más importantes que atañe al sector empresarial. Hay que sacudir al sector privado, no es solo un tema público. Todos tenemos que involucrarnos en la educación”. De ahí que señala varias directrices: Los ciudadanos deben estar conectados con la dimensión internacional Redefinir el rol del educador; hoy el conocimiento está por doquier. Ahora debe poner énfasis en la creatividad y en el pensamiento crítico de los alumnos, así como inyectar un espíritu emprendedor. Se requiere un marco mental para aprender toda la vida y estar dispuestos a ello. El educador debe apuntar hacia la inteligencia emocional, trabajo en equipo y empatía, valores que fortalezcan la cooperación que es la base del progreso social. Resiliencia. Se necesita liberar la educación, para que esté al alcance de todos. Finaliza explicando que una proporción de los impuestos, debería estar encaminado a contribuir con la educación y más aún si un contribuyente quiere destinar un porcentaje de sus impuestos, el Estado debería facilitarlo. “Esto a través de un fideicomiso o una figura transparente de donde podemos obtener métricas de inversión y desarrollo”.